¿Sabías que...
...el Almudí conserva en su fachada un relieve de la Caridad conocido como la Matrona de Murcia?

El relieve de la Matrona del Almudí ha sido estudiado y comentado por muchos historiadores y cronistas, desde que lo esculpiera Hernando de Torquemada allá por 1576 para ubicarlo en la fachada de un pósito de grano anterior al actual, pero situado en el mismo emplazamiento: Javier Fuentes y Ponte, Frutos Baeza, Muñoz Barberán o Torres Fontes han tratado el asunto.

 

Todos coinciden (con algún matiz) en su interpretación. Por ejemplo, el recordado Juan Torres Fontes dice de la Matrona que es la "expresión simbólica de la tradicional caridad murciana" y que "manifiesta públicamente una de las más auténticas virtudes de la ciudad de Murcia": "Los ángeles que a ambos lados de la matrona completan el relieve, llevan una cinta alrededor del cuerpo en la que se lee la leyenda "Charitas quae creationem coegit, ipsa coga ad regendum" ("La caridad que obligó a su creación, ella misma obligue a su administración").

 

Como apunta Torres Fontes, la virtud de la caridad se interpreta aquí desde antiguo como símbolo de la calurosa y tradicional acogida de Murcia a la persona forastera, y de ese modo, al igual que la matrona aparta al hijo propio para amamantar al ajeno, nuestra ciudad ofrece todo lo que tiene a quienes la visitan. Sin embargo, ¿era esa la idea que tenían en mente Hernando de Torquemada y el Concejo de Murcia en el siglo XVI, respecto del significado de la obra? Es más, ¿es ésa la lectura correcta de este relieve? Más adelante intentaremos dar respuesta a esta pregunta.

 

Sobre el relieve de la Matrona aparece un pájaro, o lo que queda de él, y esa imagen también es motivo de mito con distintas versiones. Una teoría defiende que representa a un águila que recuerda el pasado imperial, y otra, la más extendida, dice que se trata de un pelícano: desde la antigüedad existe una creencia, también recogida en la Biblia, que afirma que este tipo de aves, cuando no encuentran alimento, se pican en el pecho para alimentar a los polluelos con su sangre.

 

Por lo tanto, se da lugar aquí a la identificación sangre-leche en alusión al sacrificio de Jesús, que ofrece su sangre a sus hijas e hijos. Parece evidente la idoneidad de estos símbolos en un edificio destinado, entre otras cosas, a servir de depósito de grano para alimentar al pueblo en épocas de escasez. Antes de hablar un poco más de la Matrona y de profundizar en su significado o significados, repasemos la historia del edificio en cuya fachada se muestra.

 

Pósito, Almudí y Peso de la Harina

 

En primer lugar debemos aclarar los términos que manejamos: el nombre del propio inmueble y las funciones que se le otorgaron. Nos lo explica Daniel Carbonell Arroyo en su libro 'El edificio Almudí de Murcia. Sus antecedentes, conservación y usos'.

 

Por un lado tenemos el llamado Pósito o Pósito de Pan, que es un "granero o depósito de granos, fundamentalmente trigo" (durante los siglos XIV y XV, 'pan' y 'trigo' eran usados indistintamente).

 

Luego tenemos la palabra  Almudí, de origen árabe, que refiere una "lonja o mercado de granos, y frecuentemente, también de harina". 'Alhóndiga', también vocablo árabe, podía usarse como su sinónimo.

 

Y finalmente hablamos del Peso de la Harina como el "organismo anejo al pósito, cuya función era evitar el fraude por parte de los molineros, comparándose el peso del trigo antes de molerlo, con el de la harina obtenida del mismo". "El Fiel del Peso determinaba asimismo la cantidad de harina que correspondía al molinero por su trabajo", relata Carbonell Arroyo.

 

El propio Carbonell nos cuenta que, dejando a un lado los de época andalusí, los pósitos públicos empiezan a crearse en la baja Edad Media como simples graneros, y que no será hasta el reinado de los Reyes Católicos cuando crezcan en número y amplíen sus funciones, "pasando de ser meros centros de almacenamiento de cerales, a desarrollar una labor benefactora y de control de precios".

 

Carbonell también habla en su libro de la aparición de un tipo de pósito más marcadamente benéfico a partir del siglo XV, de modo que desde entonces convivirán los pósitos públicos o concejiles, más tarde llamados 'Reales' y bajo gestión de los concejos, y los pósitos píos o privados, fundamentalmente regidos por la Iglesia con fines caritativos.

 

Los pósitos murcianos

 

El primer pósito de grano de Murcia, ya como ciudad castellana, se asentó en el edificio que prestaba ese mismo servicio en la Murcia andalusí, según el privilegio otorgado por Alfonso X el Sabio en 1272. Dicho pósito se encontraba junto a la actual parroquia de San Lorenzo, aunque poco después fue cedido a la Diócesis para almacenar los diezmos de las parroquias murcianas. La huella de aquel edificio quedó en el callejero, pues la calle en la que se encontraba se llama hoy 'del Granero' (conecta la popular calle de Correos y la plaza de abastos de Saavedra Fajardo).

 

Tras una ubicación distinta, en el siglo XIV el pósito se instaló en la plaza de San Julián, al final de la calle de San Pedro. En cualquier caso, tal y como apunta Carbonell Arroyo, es posible que hubiera otros depósitos de grano 'secundarios' o más pequeños en diferentes puntos de la ciudad.

 

En la plaza de San Julián permaneció el pósito principal, aunque no por mucho tiempo: en 1555, tras considerarlo la mejor opción, el Concejo decidió trasladar el Matadero al otro lado del río y emplear su solar, en el hoy llamado Plano de San Francisco (entonces 'Carretería'), para la construcción de un nuevo edificio que serviría como pósito, almudí y peso de la harina.

 

La nueva construcción, de dos plantas, se levantó así en la misma ubicación que ocupa el actual edificio, según las trazas del maestro albañil Esteban Fernández, y en 1576 se añadió a su fachada el relieve de la Matrona o Alegoría de la Caridad, esculpido por Hernando de Torquemada con ayuda de los oficiales Bartolomé Fernández y Lorenzo de Zaajosa.

 

Sin embargo, como relata Torres Fontes, el 30 de agosto de 1612 a las dos de la madrugada, en mitad de una fuerte tormenta eléctrica, un rayo descargó sobre la segunda planta del inmueble, en el que se almacenaban provisionalmente arcabuces y pólvora, y ocasionó un terrible incendio que dejó el edificio en un estado semi ruinoso. Nos lo relata Carbonell Arroyo: "Aunque el Almudí no se destruyó por completo, los desperfectos debieron ser de tanta consideración, que se optó por derribar lo que quedó y reconstuirlo por completo, además de ampliarlo".

 

Para la nueva obra del siglo XVII, acabada en 1628 (a la vez que el Contraste de la Seda) se diseñó un acceso más monumental que el anterior, ejecutado enteramente con sillería y rematado con un gran escudo de España. A ambos lados, sobre frontones partidos, se colocó el blasón de la ciudad con las seis coronas que lo formaban por entonces, y a la izquierda de la portada se volvió a ubicar el relieve de la Matrona.

 

Más tarde, en el siglo XVIII, se añadieron soportales de piedra a ambos lados de la puerta principal del Almudí con cinco arcos de medio punto cada uno, pero lamentablemente y debido a su mal estado, fueron demolidos un siglo después. Queda testimonio de ellos en algunas fotografías antiguas del Plano de San Francisco.

 

El Almudí con otros usos

 

"A finales del siglo XIX se hicieron obras de acondicionamiento para la instalación de la Audiencia Provincial en el Almudí. Se quitaron dos rejas monumentales de la parte superior y se sustituyeron por dos balcones. También desapareció una campana. Los periodistas de la época criticaron duramente la reforma, lo que dio lugar a que el Ayuntamiento abriera un expediente informativo, pero no se logró saber adónde fueron a parar ni las rejas ni la campana".

 

De ese modo se explicaba en la prensa del 1 de abril de 1974 la polémica transformación del Almudí ocurrida cien años antes, cuando dejó de ser almudí, peso de la harina y pósito para siempre. El motivo del relato, en la página 3 de la Hoja del Lunes, era que el edificio volvía a cambiar de uso, lo que implicaba a su vez un nuevo cambio de titularidad y nuevas obras de adecuación: entre dichas obras se decidió el derribo de una última planta añadida en la anterior reforma, planta que puede verse en una de las imágenes que acompaña a este texto.

 

Durante el tiempo que sirvió a la Administración de Justicia, el edificio fue patrimonio del Estado, pero a principios de los años 70 el Ayuntamiento de Murcia cedió unos terrenos para la construcción de una nueva sede para los Juzgados, el que sería Palacio de Justicia, y recuperó el Almudí. Su objetivo era ubicar en él el 'Instituto Municipal de Cultura', biblioteca y archivo, además de contar con su sala de columnas para albergar exposiciones temporales. En otra rehabilitación más reciente se restauró el relieve de la Matrona.

 

La Matrona del Almudí: ¿Caridad, hospitalidad murciana o ambas cosas?

 

Uno de los autores que ha dedicado atención a la Matrona del Almudí o alegoría de la Caridad, Manuel Muñoz Clares, toma como punto de partida dos preguntas planteadas por Santiago Delgado en sendos artículos publicados en el diario La Verdad (18 de septiembre y 18 de octubre de 1997) para condensar lo que se sabe hasta la fecha de este símbolo. Y en su texto 'Consideraciones sobre la Matrona murciana', publicado en la revista Murgetana (1998), trata de darles respuesta.

 

La duda inicial es la razón de que se instalase una alegoría de la Caridad "en un edificio que siempre fue laico", y la segunda cuestión, con bastante enjundia, se refiere al porqué de "desviar la lectura normativa de la típica" y universal Caridad, hacia aquella que la define como símbolo del carácter hospitalario de Murcia, algo que, en opinión de Santiago Delgado, "ha operado siempre más en contra que a favor de nosotros". Ninguna de esas cuestiones es menor.

 

Antes de exponer las consideraciones de Muñoz Clares, tenemos que aclarar que 'alegoría', palabra llegada al castellano desde el griego a través del latín, signifca "ficción en virtud de la cual un relato o una imagen representan o significan otra cosa diferente". Es decir, la representación visual o gráfica de una virtud o cualidad.

 

Tras repasar la historia y configuración del edificio, y de fijarse en el modo de representar esta alegoría de la Caridad en el Almudí, en el pelícano que la remata y en la filacteria o banda que portan los ángeles con la inscripción latina, Muñoz Clares afirma que el mensaje de dicha inscripción "aclara, con rotundidad, que el ánimo del Concejo a la hora de crear su pósito no era otro que poder ejercer, si fuera preciso, una acción caritativa con sus administrados, prestándoles un servicio tan importante como el abastecimiento de pan" en época de crisis y evitando con ello la especulación con un bien de primera necesidad.

 

"Por esta prestación", el Concejo "tampoco iba a obtener beneficio directo alguno en tiempos de bonanza económica, resultándole bastante gravosa en momentos críticos", precisa el autor.

 

Respecto al uso de la alegoría de la Caridad en un edificio laico y público como el Almudí, Muñoz Clares afirma que "el mundo y el lenguaje de las alegorías de las virtudes no es un patrimonio que utilice con exclusividad la Iglesia, siendo frecuente que se incluya en los programas iconográficos ideados para la decoración de edificios públicos y privados durante el Renacimiento y el Barroco".

 

Así lo demuestran también numerosos ayuntamientos en los que figuran virtudes como la Justicia o la propia Caridad, en "una idea paternalista del buen gobierno que contiene ya algo del ideario político-filantrópico de la Ilustración".

 

En cuanto a la explicación de que se desviase el sentido universal del relieve de la Caridad hacia la representación de un rasgo distintivo de Murcia, como es su hospitalidad, o que dicha lectura se añadiese a la anterior aun sin intención de borrarla, Muñoz Clares comienza a desentrañarla de este modo: "En una sociedad como la española, con altos índices de analfabetismo mantenidos hasta no hace tantos años (...), el complejo mundo de las alegorías renacentistas y barrocas sólo iba a ser comprendido por un sector bastante minoritario de la población".

 

Por ello, "sería fácil deducir", añade, que fuera "la propia especie popular la encargada de ir desfigurando el significado original de la Caridad del pósito murciano y convirtiéndolo en lo que ha llegado a ser". Pero...

 

Pero según este autor, va a ser que no: "Por lo que he podido averigüar, en ese proceso no intervinieron para nada las clases populares, que sí es probable que actuaran únicamente como correa de transmisión de unas interpretaciones ya viciadas". Sin embargo, reconoce, esta hipótesis es difícil de comprobar.

 

¿Y de dónde nace, pues, la identificación de la Caridad con el carácter de Murcia? Señala Muñoz Clares a la primera referencia escrita de dicha lectura, la que sacó a la luz Juan Torres Fontes: un impreso fechado en 1739 en el que se anuncia la inauguración de la 'Casa de la Misericordia', y en el que ya se afirma que Murcia está representada en el relieve del Almudí como una matrona que amamanta a propios y extraños. Es decir, a todos.

 

Según Muñoz Clares, es probable que el autor de dicho texto, "envuelto en la retórica barroca", sólo pretendiera "hacer una comparación metafórica fruto de su ingenio". En cualquier caso, añade, "de aquí debe arrancar, con casi total seguridad, la trama que se desarrollará posteriormente".

 

¿Acaso 'Madre Murcia' no cuida a sus hijas e hijos?

 

De 1739 damos un salto hasta 1872 y encontramos una referencia a esa interpretación en 'Murcia que se fue', de Javier Fuentes y Ponte. De hecho, el erudito la llama directamente "Madre Murcia", una lectura "disparatada" en opinión de Muñoz Clares, pero sumando además "una novedad introducida por don Javier": el hecho de que dicha 'Madre Murcia' "aparta al hijo propio", y no sólo el de que sea caritativa en general, con propios y con extraños.

 

Esta interpretación de Fuentes y Ponte se impuso a la de su contemporáneo Atienza, que en su 'Guía de Murcia' definió el relieve simplemente como una Caridad, y a la de Amador de los Ríos, que unos años después incidió en ese juicio, sin duda más 'aburrido' y menos atrayente que el de la "Madre Murcia".

 

La introducción del matiz interpretativo de apartar al hijo propio para alimentar al forastero, puede aludir y alude a la hospitalidad murciana, pero también abre la puerta a interpretaciones en sentido negativo, como apuntaba Santiago Delgado: al hecho de que Murcia sea esa madre "hospitalaria, acogedora y caritativa" para con los extraños, al tiempo que se comporta como "madrastra" para con sus hijas e hijos (sin ánimo de ofender, entiéndase el 'madrastra' al modo peyorativo de un cuento infantil). En la misma línea se expresaron, o recogieron expresiones coincidentes, autores como Ruiz-Funes, Frutos Baeza, o Muñoz Barberán más recientemente.

 

Para resaltar la particularidad negativa de la lectura que comenzó a hacerse en el siglo XVIII del relieve murciano, Muñoz Clares añade que, por ejemplo, una de las alegorías que coronan el Ayuntamiento de Lorca, la de la Caridad amamantando a dos niños, ha sido interpretada como "el carácter acogedor de la ciudad, que cuida y acoge por igual a los lorquinos nacidos aquí como a los venidos de fuera".

 

Eso parece más apropiado que alimentar al ajeno y apartar al propio, pero también más apropiado que alimentar al propio y apartar al ajeno, postura esta última a la que se han abrazado ideologías excluyentes desde la noche de los tiempos, y que en nada se aproximan a la virtud de la cristiana y humana caridad, la que no hace distinciones por razones de origen, sexo, raza o credo.

 

La Caridad-Matrona en la prensa murciana

 

A las lecturas de biblioteca hemos de añadir las de hemeroteca. Y en los fondos digitalizados del Archivo Municipal encontramos en primer lugar la que se hace en el famoso 'Murcia-París', publicación de diciembre de 1879 con el que nuestra ciudad respondía, agradecida, al 'Paris-Murcie' que se editó en Francia para recaudar fondos con los que ayudar a los damnificados por la riada de Santa Teresa, en una muestra de solidaridad internacional.

 

En la página 6 de dicha publicación, bajo el título de 'A caridad, gratitud', el escritor Juan López Somalo discute el tinte negativo de esa lectura popular de la Matrona de Murcia que aparta a sus propios hijos, y resalta sencillamente la virtud de la Caridad:

 

"En la fachada de un edificio público de nuestra ciudad, hay un relieve representando una Matrona que abriga en su regazo y da el pecho a un niño, mientras que a sus pies figuran otros dos a quienes parece olvida por cuidar y protejer el que tiene en los brazos. Es vulgar creencia entre los hijos de Murcia que esa escultura simboliza el afán con que nuestra ciudad acoje y protege a los extraños, que en ella buscan hospitalidad, mientras que trata con desvío e indiferencia los merecimientos de los propios, que, con ser tantos los que alcanzan un lugar distinguido en las letras y en las artes, difícilmente obtienen de sus paisanos la atención que debieran. No participo de la vulgar creencia: sólo veo en ese relieve colocado hace siglos en la fachada de uno de los edificios públicos de la hermosa Reina del Segura el emblema de la caridad; ¡dulce virtud que encontró siempre generoso albergue en el corazón de los murcianos!".

 

Seguidamente tenemos que reconocer que, en ocasiones, la lectura negativa de apartar a los propios para alimentar a los ajenos ha servido como muestra y usada como ejemplo para atizarnos y criticarnos: bien para cuestionarnos que en efecto seamos tan hospitalarios con los forasteros como solemos presumir, o bien para incidir por contraste en que, en efecto, tratamos muy mal a nuestra propia ciudadanía.

 

De ambas cosas encontramos recortes de prensa, sin ánimo de analizar si dichas autocríticas estaban justificadas o no. Lo vemos en los tres casos siguientes, muy variados en el tiempo (de 1892, 1950 y 1989):

 

-Primero

En el periódico La Paz de Murcia fechado el 20 de junio de 1892, se da cuenta de una representación de Rigoletto que tuvo lugar en el Teatro Romea, pero los artistas, "a pesar de ser buenos, de haber bajado los precios y de haberse encomendado a la caridad de este pueblo, en vista del desamparo en el que los dejó la empresa que los trajo y no les pagó", fueron sin embargo "poco favorecidos" por Murcia y su público:

 

"Los artistas lo que más han recogido han sido aplausos que alimentarán la honra profesional, pero no el cuerpo, que necesita otro alimento para el cual no han sacado en Murcia, porque los muchos festejos gratuitos han ahogado esta vez y contra costumbre, los sentimientos caritativos de esta ciudad, tan bien representados en la fachada del Almudí, hoy Audiencia, por la matrona que abandona a su hijo propio para alimentar al ajeno".

 

-Segundo

Muchos años después, el 11 de diciembre de 1950, encontramos una crítica satírica a los regidores murcianos en La Hoja del Lunes: haciendo uso de un recurso usado en muchas ocasiones, leemos un diálogo onírico, imaginado, entre quien escribe y una escultura, en este caso la Matrona del Almudí, que cobra vida de madrugada para lamentar el maltrato a sus conciudadanos por parte del Ayuntamiento.

 

La matrona se dirige así a su anónimo interlocutor: "¡Chis, chis, no se asuste caballero, que soy la Matrona que simboliza a esta muy noble Ciudad!". Asustado, en mitad de la noche, el paseante que la oye se expresa así: "Aquella voz era nada menos que la de la robusta hembra que adorna el edificio del Almudí, y que para mayor desdicha nuestra, amamanta al forastero para dejar al hijo propio con tres palmos de narices".

 

Seleccionamos algunas partes del diálogo, en el que la Matrona, entre vencida e indignada, dice:

 

"Me apena que pierdan sus mercedes el tiempo. En esta Murcia que yo tantos años vengo simbolizando, no hay casi nada que hacer (...). Por lo visto, los señores Alcaldes Mayores que han pasado por el Concejo se han quedado dormidos en sus poltronas y no se han dado cuenta de que Murcia es una de las principales capitales de España (...). De cuentos ya estamos todos los murcianos hartos. Muchos proyectos, muchos empréstitos y mucho colocar adoquines, y el Castillejo y el Barrio de San Antolín siguen en el mismo estado. Estos miserables lugares son la vergüenza de esta ciudad que simbolizo. En ellos reina la miseria, la falta de higiene y son nidos de enfermedades".

 

"Nosotros los murcianos (dijo muy encolerizada) no tenemos perdón de Dios si no ponemos remedio a este mal. Dejémosnos de Grandes Vías y comencemos la casa por los cimientos, no por el tejado. Remediemos a aquellos que carecen de hogares higiénicos y alegres. Construyamos casas en estos inmundos lugares para que aquellos que en ellos viven bendigan eternamente a los que rigen la vida local. De grandes proyectos y de grandes cosas siempre habrá tiempo y lugar. Lo que urge es que desaparezcan prontamente y para siempre estos focos de infecciones que amenazan las vidas de muchos hermanos nuestros".

 

A todo ello, el interlocutor, rendido, contesta a la Matrona: "¡Señora! Vuestra merced tiene razón en todo lo que ha dicho, pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?". Buena pregunta.

 

-Tercero

En la página 3 de La Hoja del Lunes del 3 de julio de 1989, bajo el título de 'Quieren matar a un murciano' y haciendo un análisis de la situación política regional, podemos leer: "¿Sería un disparate social o psicológico afirmar que el peor enemigo del murciano es precisamente el propio murciano?".

 

"A estas alturas parece un argumento fácil por lo manido, pero no por eso mermado de fuerza, traer aquí a la Matrona de Murcia, hecha piedra, como definición en el gran medallón del Palacio del Almudí: destetamos a nuestros hijos para alimentar a los extranjeros. La historia es vieja. Tan vieja como el techo del Malecón. Es un decir, claro, sólo un decir. Pero fuera bromas, nosotros reclamamos nuestra leche natural, la leche de las exhuberantes ubres de nuestra Matrona. Es la leche que nos dieron. Y es la leche que queremos para que nuestra autonomía no tenga sucedáneos extraños y adulterados en conceptos industrializados".

 

La Matrona en positivo

 

Pero referencias de la Matrona del Almudí en positivo, sencillamente como alegoría de la Caridad y al mismo tiempo como muestra del carácter de Murcia, sin la autoflagelación de considerar que aparta a su propio hijo, también hay muchos ejemplos. Pero bastará con citar dos: 

 

En un artículo sin firmante publicado en el diario Línea el 24 de febrero de 1974, bajo el título 'Monumento al árabe', se reclama que la ciudad homenajee al pasado andalusí de Murcia mediante un monumento público, y se atribuye el carácter generoso y acogedor de la ciudadanía murciana a la herencia del pueblo musulmán, abriendo el sentido de la caridad cristiana a una caridad universal:

 

"Pocas son las cosas que nos quedan de aquella civilización, pero algunas prevalecen con tanto ímpetu que no parecen haber pasado los siglos por ella. Pongamos por ejemplo el carácter de los murcianos como una razón natural de la que nos sentimos orgullosos. Me estoy refiriendo a la virtud de buena acogida para todo forastero, como queda reflejado en el escudo del viejo Almudí, donde la hermosa matrona de senos ubérrimos que es Murcia aparta de su pecho al hijo propio para alimentar al extraño". 

 

El otro ejemplo lo hallamos en el especial de La Hoja del Lunes que se editó para celebrar el 5º aniversario de la autonomía murciana, publicado un día antes del 9 de junio de 1987. En la página 54 se da cuenta de varias visitas institucionales con fines cuturales, promocionales y económicos del presidente del Gobierno regional del momento, Carlos Collado, y en una de dichas visitas, la que se celebró en Colonia con el alcalde de aquella ciudad alemana, hubo un intercambio de obsequios.

 

El obsequio que dio Collado en representación de la Región de Murcia fue "una escultura de la Matrona del Almudí", mientras que el dirigente alemán obsequió a la delegación murciana con un plato en el que lucía el escudo de Colonia.

 

Para acabar, y ampliando el foco murciano al contexto mundial, señalamos que en 2013 la ONU fijó el 5 de septiembre como el Día Internacional de la Beneficencia, también llamado 'de la Caridad', como expresión de la solidaridad entre los pueblos. Algo que, más allá de lecturas, interpretaciones o credos, no debería invalidar la famosa frase atribuida a Mary Wollstonecraft (1759-1797): "Es justicia, y no caridad, lo que necesita el mundo".

 

 

Fuentes:

 

'El edificio Almudí de Murcia. Antecedentes, conservación y usos'. Daniel Carbonell Arroyo. Colegio Oficial de Arquitectos de Murcia, CAM, CajaMurcia y Universidad de Murcia, 1992.

 

'Consideraciones de la Matrona murciana'. Manuel Muñoz Clares. Revista Murgetana, nº 99. Murcia, 1998.

 

Guía secreta de Murcia, Cartagena y Mar Menor. Ismael Galiana y Adolfo Fernández. Páginas 78-79. Al-Borak Ediciones. Madrid, 1977.

 

'Murcia-París', 18 de diciembre de 1879, página 6. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.

 

La Paz de Murcia, 20 de junio de 1892, página 1. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.

 

La Hoja del Lunes, 11 de diciembre de 1950, página 2. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.

 

La Hoja del Lunes, 5 de septiembre de 1988, página 5. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.

 

La Hoja del Lunes, 3 de julio de 1989, página 3. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.

 

La Hoja del Lunes, 1 de abril de 1974. Página 3. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.

 

Línea, 24 de febrero de 1974, página 3. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.

 

La Hoja del Lunes, 8 de junio de 1987, página 54. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.


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