¿Sabías que...
... Alfonso X se hizo enterrar con un rico ajuar lleno de simbolismo?

Alfonso X el Sabio murió el 4 de abril de 1284 en el Alcázar de Sevilla. Lo hizo en paz y repitiendo el modelo de conducta de otros monarcas de su tiempo: pidiendo perdón a sus súbditos por sus errores y perdonando a quienes lo ofendieron o le fallaron en vida. En esta última cuestión, sabemos que el Rey Sabio incluyó a su hijo Sancho, y sabemos también que todas las personas que lo acompañaban en Sevilla "hicieron gran llanto por él”: el infante don Juan, su hija Beatriz, que era reina de Portugal, y otros infantes. Se desconoce sin embargo cuánto duraron sus funerales ni si Sancho llegó al entierro de su padre.

 

En cuanto a su entierro, se relata que Alfonso X quería ser inhumado junto a sus padres en Sevilla, o bien en Santa María la Real de Murcia por ser el primer reino que conquistó a los musulmanes. Finalmente recibió sepultura cerca de Fernando III y Beatriz de Suabia, mientras que su corazón y entrañas fueron enviadas a Murcia.

 

Las principales fuentes documentales del fallecimiento y entierro del Rey Sabio son sus dos testamentos, así como la ‘Crónica de los Reyes de Castilla’ de Jofré de Loaysa y las ‘Crónicas de los Reyes de Castilla’ (compendio de Rosell en el siglo XIX).

 

¿Símbolos imperiales o sencillamente reales?

 

“Alfonso X fue depositado en su ataúd, amortajado con vestiduras de oro y señales de leones y castillos, ciñendo su cabeza una corona de piedras preciosas sobre una cofia bordada con aljófar, portando un cetro, una espada y un pomo (o globus, o manzana) de oro. Todos estos elementos deberían conferir al monarca una impresionante imagen mayestática, y no es extraño que algunos, de una manera algo impremeditada, hayan atribuido este tipo de iconografía a las pretensiones imperiales del monarca”.

 

Estas palabras fueron incluidas por el historiador y experto en arte medieval Isidro González Bango en una de las conferencias del ciclo ‘Alfonso X: su vida, su obra, su tiempo‘, organizado por la Fundación Juan March en 2016.

 

En su conferencia, que puedes ver completa en YouTube pinchando en este enlace, González Bango explica que al ver los elementos que acompañaban a Alfonso X en su sepultura, algunas personas “los confundieron con los símbolos imperiales”. Y el historiador niega ese extremo, justificándose en el análisis iconográfico de algunas representaciones anteriores y posteriores al Rey Sabio, como son las de Pedro II (principios del siglo XIII) y Sancho IV, que ni fueron ni pretendieron ser emperadores: “El águila, el cetro y el pomo o globus son símbolos reales, sin trascendencia imperial”, defiende Isidro González Bango.

 

Ajuar de reyes, reflejo del poder eterno

 

Pero, ¿qué más llevaba Alfonso X el Sabio dentro de su ataúd? Nos fijamos ahora en un trabajo de la investigadora Leonor Parra Aguilar, de la Universidad Complutense, titulado ‘Muerte, religiosidad e ideología: El significado del ajuar en los sepulcros de Alfonso X y Sancho IV de Castilla’. De entrada, Parra Aguilar explica que los “símbolos de la ideología regia” sirven a “las pretensiones monárquicas” con el objetivo de “multiplicar su fortaleza como arma y como propaganda política, siempre apoyándose en la religiosidad para argumentar su poder”. Así, “las virtudes y los deseos perseguidos por el monarca se plasmaban en el ajuar y el sepulcro, siendo la muerte del rey un lugar con connotaciones inmortalizadoras, que buscaba dibujar un rey perfecto”.

 

“Las diversas aperturas del sepulcro de Alfonso X han sido recogidas por María Jesús Sanz, que a su vez ha rescatado los datos de autores de los siglos XVI al XVIII, así como otros estudios realizados en el siglo XX por Juan Delgado Roig y Manuel Gómez-Moreno de la que fue la última apertura de su tumba en 1948”, explica Leonor Parra Aguilar, quien añade que todos estos estudios “han ayudado a hacer un análisis conciso de todo el ajuar del Rey Sabio, buscando en él una serie de motivos ideológicos”.

 

Sobre la exhumación de 1948, debemos señalar que se hizo con motivo de la construcción de nuevas sepulturas para el monarca castellano y para su madre, Beatriz de Suabia en la Catedral de Sevilla, con las que se pretendía dignificar el enterramiento de ambos personajes y celebrar el séptimo centenario de la conquista de Sevilla por parte de Fernando III el Santo. Con ello, además, se aprovechó para abrir de nuevo el ataúd de Alfonso X, analizar los restos del rey tanto desde el punto de vista médico-forense como desde el histórico y simbólico, y, de paso, comprobar que algunos de los elementos con los que fue enterrado en abril de 1284 ya no estaban en su lugar.

 

Antes de profundizar en la cuestión del ajuar funerario, y al hilo del informe de 1948 elaborado por Juan Delgado Roig, la muerte del Rey Sabio, el 4 de abril de 1284 y a la edad de 61 años, pudo tener relación con un proceso tumoral que maltrató el lado izquierdo de su rostro. Además, en el estudio de sus restos se consignó la gran estatura física del rey.

 

Símbolos del ajuar funerario de Alfonso X

 

Lo primero que resalta de Alfonso X el Sabio al contemplar su efigie es que se trata claramente de un rey de Castilla y León, pues viste en dorados y rojos. Sin embargo, otros elementos de su ajuar funerario se encuentran ocultos bajo las ropas.

 

Leonor Parra Aguilar lo explica así: “Primeramente encontraron un ceñidor realizado en piel y tintado en tonalidades rojizas en la cintura. Servía para sostener las calzas –desaparecidas en la actualidad– y la ropa interior. La primera tela sobre el cuerpo era una camisa de lienzo que tenía sobre los hombros una tela dorada de función poco reconocible hoy en día. Sobre todo esto se halló una túnica, que llamaremos ‘interior’, ya que sobre ella iría otra de mayor grosor. Esta túnica interior llegaba por debajo de las rodillas y tenía las mangas ajustadas a las muñecas mediante seis botones de plata dorada. Estaba realizada con sedas, y con leones y castillos bordados”.

 

El rey también llevaba unos guantes con los dedos abiertos y una bolsa colgada de su cinturón. Tanto los guantes como la bolsa estaban bordados en seda con cuadrículas de castillos y leones, y según la investigadora, “parecen realizados por tejedores castellanos o al menos cristianos, existiendo un gran contraste entre estos bordados y los de influencia mudéjar”.

 

Además, Alfonso X vestía una túnica exterior, que al igual que la interior, llegaba hasta debajo de sus rodillas y estaba abierta por los lados hasta la cintura. Tenía las mangas anchas hasta la mitad del brazo y estaba forrada en piel. Toda la túnica estaba decorada con bordados de castillos en oro y leones en plata, realizados con hilos de seda de varios colores, y se ceñía a la cintura con un cinturón de piel de cabritilla teñido de rojo. El rojo y el blanco, colores de Castilla y de León, refieren, según la autora, al rojo de la sangre derramada en las cruzadas y al blanco de la pureza espiritual. En la parte superior, la túnica lucía un águila con las alas desplegadas.

 

La cabeza de Alfonso X reposa sobre tres almohadas: “Hallamos una de ellas realizada con un forro de tafetán rojo con aspas de plata dorada. Una segunda almohada estaba decorada en cuadrícula con leones y castillos, algo que se copió en la tercera, en la que también se situaron unas cuantas águilas”, explica Leonor Parra Aguilar. Por su parte, la cabeza del rey Sabio “lucía ataviada con un gorro de lienzo grueso, forrado con tela carmesí y bordado por completo con perlas, coral y vidrio”, que creaban “cruces enmarcadas con plata dorada”.

 

Pero, ¿y los ‘elementos metálicos”? Aunque hubo más, nos referimos a la corona, la espada, el cetro y el báculo. La investigadora Parra Aguilar nos dice que fue “en la última apertura de 1948 cuando se vio que habían desaparecido” de la tumba, pero “gracias a los autores de los siglos XVI al XVIII podemos intentar dar forma a este ajuar perdido y componer así el significado completo del enterramiento”.

 

En un inventario de joyas y ornamentos del año 1500 se describe la corona de Alfonso X, descripción que plasma de este modo: “Era de oro y debía estar realizada a través de distintas piezas o placas encadenadas. En la zona de cada encadenamiento, éste se había recubierto de aljófar y sobre él se elevaba una cruz también de oro con una pequeña esmeralda y cuatro perlas también pequeñas. En cada placa había piedras preciosas engarzadas, alternando entre zafiros y balajes. A su vez, en las placas se alzaban cruces pequeñas en las que se volvían a disponer zafiros o balajes, pero al contrario de las piedras dispuestas en la parte central de las placas”.

 

“En la apertura de 1677 se anota la existencia de tres anillos” en el ajuar funerario de Alfonso X, anillos “que tenían cada uno una piedra de distinto color: verde, rojo y blanco. El verde simboliza la esperanza, el rojo la caridad y el blanco la fe, lo cual nos conduce a las tres virtudes teologales”, explica la investigadora.

 

Además, Alfonso X portaba un cetro y un báculo: “El significado de ambas piezas reales se cierra en torno al simbolismo de la autoridad, que se deriva del bastón que utilizaban los pastores para guiar su rebaño. Dentro de la autoridad, se relaciona con el mando y gobierno, la virtud, la verdad y la justicia”. Una autoridad, además, emanada de Dios, y de ahí la presencia del báculo. En cuanto a la espada, Alfonso X no la sostenía sobre su cuerpo sino a un lado, quizá porque quería dar más presencia a los otros elementos reales.

 

“Un último elemento de su ajuar que se debe mencionar es el esqueleto de un perro pequeño que aparece a los pies del rey”, añade el citado trabajo de Leonor Parra Aguilar, remitiendo al informe de 1948 del doctor Delgado Roig: “Sabemos que estos animalitos se situaban en ocasiones en la obra escultórica que cubría el sepulcro: lo inusual es encontrarlo dentro de la tumba. Es posible que su significado hable de la posición económica del difunto, aluda a la caza y simbolice la fidelidad, algo que tanto apreciaba Alfonso X y que tan poco obtuvo de algunos de sus vasallos. También es probable que cumpla el papel de acompañar en la muerte a su dueño, y como animal fiel, no le dejaría jamás solo en ese trance: vigilaría su sueño por siempre”.

 

El corazón de Murcia

 

Para acabar, citamos precisamente al informe forense del doctor Juan Delgado Roig, ‘Examen médico legal de unos restos históricos. Los cadáveres de Alfonso el Sabio y de doña Beatriz de Suabia’: tras analizar los restos de Alfonso X el Sabio en 1948, Delgado Roig habla de la existencia de dos cortes quirúrgicos en la caja torácica del Rey Sabio que debieron servir para poder sacar su corazón y sus vísceras: “En el tórax pudimos comprobar un corte quirúrgico de la 3ª, 4ª, 5ª y 6ª costilla del hemitórax izquierdo, como a unos cuatro centímetros de la inserción vertebral, y otro corte paralelo al anterior en el mismo hemitórax, que llega a unos tres centímetros por fuera del esternón. Estos dos cortes paralelos, rectos y de traza limpia, como de haber sido ejecutados con una cizalla o tijera anatómica, sirvieron seguramente para poder extraer el corazón y alguna otra viscera del cadáver real”. El corazón de Alfonso X el Sabio fue llevado a Santa María la Real de Murcia, y trasladado en el siglo XVI a la capilla mayor de la Catedral de Murcia.

 

Sobre el simbolismo del corazón, remitimos al artículo de Heidi R. Krauss-Sánchez, ‘El corazón del Rey Sabio’, donde su autora explica: “La división de los cadáveres para su depósito en lugares distintos no era novedad, ya que otros monarcas también lo hacían. El corazón no solamente desempeñaba un papel importante a la hora de enterrar a los monarcas. El corazón era un órgano central en los conceptos del reino como cuerpo social, y aparece en el caso de Alfonso X tanto en las obras jurídicas como en otras obras traducidas y elaboradas en la corte del Rey Sabio”.

 

Fuentes:

Sepulcro de Alfonso X. Web de la Archidiócesis de Sevilla.

‘Alfonso X: su vida, su obra, su tiempo’, conferencia de Isidro González Bango.

‘Muerte, religiosidad e ideología: el significado del ajuar en los sepulcros de Alfonso X y Sancho IV de Castilla’. Leonor Parra Aguilar (2016). Hispania Sacra, 68(137), 201–216.

Biografía de Alfonso X en la web de la Real Academia de la Historia.

El corazón del Rey Sabio’. Heidi Krauss. Universidad Nacional de Educación a Distancia.


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