El siglo XVIII
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Planta primera En la primera planta mostramos las transformaciones que experimentó la ciudad desde el reinado de Alfonso X el Sabio hasta el XVIII, así como otros elementos fundamentales de su historia, como la trascendencia del cultivo de la seda, el cambio de patronazgo cristiano, el escudo de la ciudad o la convivencia de la vida urbana con la rural, materializada en el entorno de la huerta. Como complemento del discurso cronológico, en esta planta contamos con dos salas temáticas: la de Alfonso X está dedicada a la figura del rey Sabio y a su relación con Murcia, mientras que la Sala del Imafronte profundiza en el lenguaje artístico y en el mensaje histórico de la fachada principal de la Catedral de Murcia. Además, en esta planta se ubica una de las dos salas para exposiciones temporales con las que cuenta el Museo.
La transformación de la ciudad en el siglo XVIII.

El siglo XVIII

La historia de la ciudad de Murcia en este siglo encuentra a sus personajes más significativos en la religión con el obispo Belluga, en la política con el conde de Floridablanca, y en el arte con Francisco Salzillo. El primero de ellos ejerció una extensa labor benéfico-social y se convirtió en el defensor de Felipe V en la disputa por la sucesión a la Corona Española tras la muerte de Carlos II. Por esa lealtad murciana capitaneada por Belluga, Felipe V le concedió a la ciudad la séptima corona de su escudo y un león con una flor de lis en el centro rodeada por la leyenda "Priscas Novissima exaltat et amor" -la última corona exalta el amor con el que fueron concedidas las anteriores-.

 

En cuanto a don José Moñino, el popular conde de Floridablanca y ministro de Carlos III puso todo su empeño en llevar a cabo mejoras urbanas, lo que facilitó la renovación y el engrandecimiento de la ciudad. En esos años se proyectó la Plaza de Camachos con plano de remodelación de Jaime Bort, aunque luego se modificó en la práctica; también se construyó el puente de piedra -hoy, Puente Viejo- con diseño de Toribio Martínez de la Vega; se completaron las obras del Reguerón, nombre que recibe el río Guadalentín o Sangonera a su paso por la huerta de Murcia, para desviar sus avenidas y llevar su conexión con el Segura aguas abajo de la ciudad; se efectuó el empredado de calles, el alumbrado público y la mejora de los caminos de la huerta y los que dan acceso a la ciudad... Pero quizá las dos obras de más envergadura fueran la construcción de un nuevo Palacio Episcopal en 1748, y la del nuevo imafronte de la Catedral en sustitución de otra fachada del siglo XVI que amenazaba ruina.

 

No podemos olvidar las casas y palacios que se van construyendo por las "estrechas pero cuidadas calles", como por ejemplo el Palacio de los Fontes, actualmente sede de la Confederación Hidrográfica del Segura, el Palacio Fontanar y el de los Fajardo, derribado para apertura del Paseo Alfonso X el Sabio. Por otro lado, en el aspecto económico del siglo XVIII hay que destacar el incremento espectacular de la crianza del gusano de seda, lo que facilita la correspondiente industria, aunque la actividad prioritaria sigue siendo la agricultura. 

 

Francisco Salzillo, el genio creador

Por último hay que mencionar a Francisco Salzillo (1707-1783) escultor e imaginero barroco de relevancia internacional cuya obra se conserva en el Museo del mismo nombre. De sus afamados trabajos destaca el Belén de más de 500 piezas que hizo para Jesualdo Riquelme Fontes, así como los pasos procesionales que se pueden contemplar por las calles del centro de Murcia en la mañana del Viernes Santo. En el Museo de la Ciudad se puede conocer cual es el proceso de elaboración de las figuras de belén, artesanía que desde aquella primera iniciativa de Salzillo ha perdurado en algunas pedanías murcianas como Puente Tocinos y Alquerías. El Museo además expone las piezas más conocidas de la copia que José Nicolás Almansa hizo del belén de Salzillo.

 

El recorrido por la sala termina con el "rincón del tinajero" en el que presentamos la colección etnográfica de Jose Alegría, una coleccion de loza y mobiliario del siglo XIX, además de hacer referencia también a las graves riadas que asolaron la huerta murciana, como la de Santa Teresa en 1879, y al regalo que hicicieron los valencianos a Murcia por el apoyo que se brindó a Valencia en una terrible riada en los años 50 del siglo XX: una copia de la Virgen de los Desamparados, patrona de la ciudad de Valencia.


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