Pieza destacada
‘Acequia en otoño’, de José María Almela Costa

Acequia en otoño’

José María Almela Costa (1945)

Óleo sobre lienzo

62 x 80 cm

 

Esta obra fue premiada en la exposición de Bellas Artes de 1945 organizada por el Ayuntamiento de Murcia con motivo de las Fiestas de Primavera, tal y como podemos ver en la noticia publicada el 11 de abril de ese mismo año en el diario La Verdad. En aquel momento, el cuadro fue nombrado como ‘Dos acequias’. Y aún hay otro posible título, ‘Olmos junto a una acequia’, aportado por el hijo del artista, Antonio Almela Lacárcel, en su libro ‘Almela Costa. Los cuadros de mi padre’.

 

Una vez premiado, el cuadro pasó a formar parte de la colección artística municipal y estuvo en la Alcaldía. Más tarde se llevó al Almudí, donde, en 1984, fue incluido en el inventario de obra municipal que llevó a cabo Martín Páez dentro de la sección de Patrimonio de la Concejalía de Educación y Cultura. Como curiosidad, señalamos que en ese momento el cuadro fue valorado en 125.000 pesetas.

 

En mayo de 1999, cuando se inauguró el Museo de la Ciudad, fue instalado en su salón de actos, donde se conserva en la actualidad.

 

En su libro, Almela Lacárcel explica que se trata de un atardecer. Aunque admite que no puede decir nada del sitio donde el artista se inspiró para pintar la obra, cita a la empleada de su familia en las labores del hogar, quien en una ocasión afirmó que “le parecía un carril viejo que veía de niña en el antiguo camino de La Ñora cuando iba a casa de su tía Carmen”.

 

Dando por bueno ese testimonio, en opinión de Almela Lacárcel, la acequia que vemos sería la Caravija, pero, en realidad, ese paisaje podría ser cualquier rincón de la huerta de Murcia y esa acequia podría ser cualquier acequia.

 

A este respecto, es interesante leer un texto del pintor Esteban Linares sobre la posible ubicación de este paraje: Linares situaría esa porción de la huerta de Murcia muy cerca de nuestro museo, precisamente en la calle de la Olma (llamada así por los olmos que hubo en el pasado), en el extremo occidental del jardín de la Seda. En ese lugar discurren, hoy bajo el suelo y en paralelo, dos acequias: la Caravija y la Acequia Mayor Aljufía. Para leer el articulo en el blog de Esteban Linares, pincha en este enlace.

 

La hipótesis se ve reforzada por el título con el que hemos dicho que se cita al cuadro en la prensa en 1945: 'Dos acequias'. Y en ese caso y en ese lugar, en efecto, la acequia que vemos en primer término es la Caravija y la que asoma a la derecha es la Aljufía. Más adelante, en el curso de ambas acequias, y en la actualidad bajo el asfalto en el cruce de las calles de la Olma, San Antón, San Andrés y Acisclo Díaz, un pequeño puente hacía cruzar las dos canalizaciones, pasando a estar la Caravija más al norte y la Aljufía más al sur.

 

De hecho, ya a la altura de nuestro museo, la Caravija discurre por el Huerto Cadenas o Huerto López Ferrer, en la parte posterior, mientras que justo por delante de la fachada del museo, orientada a mediodía, pasa bajo tierra la Acequia Mayor Aljufía.

 

La aureola de nostalgia y de ensoñación que transmite esta pintura se ve intensificada con la ténue y cálida iluminación de un sol otoñal, un sol bajo y previo al crepúsculo, en una estación ya de por sí ensoñadora dentro del pasar de las estaciones, como es el otoño, cuando el verano es sólo un recuerdo y los días se acortan, y el frío aumenta poco a poco anunciando el invierno. También por el hecho de que ese rincón de la huerta hoy no existe.

 

Almela Lacárcel lo describe como un “precioso cuadro” en el que unos olmos, con sus ramas ya desnudas, “acomodan su vida al cansino discurrir de una acequia”. “Pero su discurrir apacible tiene lugar bajo un cielo de otoño que triunfa en la dignidad de su color amarillo”, añade. Del uso de ese color, que califica como “amarillo total”, el hijo del artista afirma que se trata de “algo novedoso” y sorprendente:

 

“Costa usa siempre más variedad de matices y colores. Aquí la juventud de su incendiado color amarillo es casi total. Esto comunica al espectador una incierta espera”, explica. Según Almela Lacárcel, este cuadro tiene “un claro orden en la exposición de elementos”, lo que atribuye “a la limpieza de su dibujo”, rasgo que califica como impecable porque “nos hace distinguir todos los términos de la pintura”. Además, define la obra como vigorosa, armoniosa y madura, fruto de “un pincel sereno”.

 

Antonio Almela Lacárcel concluye así su análisis de ‘Acequia de otoño’: “Esta pintura lleva a nuestra razón un toque de libertad con su colorido total y entraña un grito de rebeldía por el fino dramatismo de su ensoñación”.

 

En febrero de 2024, el Museo de la Ciudad dedica su espacio 'Hoy enseñamos' a esta obra. Más información, en este enlace.

 

La mística creada durante los dos últimos siglos en torno a la huerta de Murcia por su naturaleza exuberante, por el paisaje, por la belleza del agua y por los productos de la tierra, ya desde época andalusí con descripciones que la comparaban con un paraíso, encuentran acomodo en la contemplación de este cuadro de José María Almela Costa, uno de los autores clave de la pintura costumbrista murciana que triunfó durante el siglo XX.

 

Como propuesta de lectura sobre la poética de la huerta, teniendo la obra de Almela Costa en la mente, citamos 'Una arcadia perdida (la huerta de Murcia)', discurso de ingreso de Francisco Sánchez Bautista en la Real Academia de Alfonso X el Sabio, en 1982, que puedes leer en este enlace

 

Y como propuesta musical, también en torno a la poética de la huerta y mientras contemplamos esta obra, nuestro compañero Tomás García Martínez aporta la canción 'La Aljufía en el Amor', compuesta y cantada por El Pantorrillas (de su álbum 'Las coplas del molino', 2021): puedes escucharla pinchando en este enlace a Spotify.

 

El costumbrismo o regionalismo se basaba en la representación del entorno cotidiano, de tipos populares, de paisajes cercanos. El desarrollo de la fotografía entre finales del XIX y principios del XX restó cierto interés a los artistas por el retrato pictórico, pero en primera instancia no hizo que se apartasen del arte figurativo. Hay un interés por el color y por la luz, al igual que en el movimiento impresionista. De todo eso vemos en las obras de José María Almela Costa.

 

José María Almela Costa

 

José María Almela Costa (1900-1983) nació en Espinardo y recibió su primera formación en la Real Sociedad Económica de Amigos del País entre 1911 y 1915, de la mano del pintor Antonio Meseguer, con especial interés en el dibujo y en la corrección académica. Allí conoció a pintores de su generación, aunque algunos de ellos un poco más mayores que él, como Joaquín, Victorio Nicolás, Luis Garay y Pedro Flores: de estos dos últimos también tenemos obras en el Museo de la Ciudad.

 

Almela Costa completó después su formación en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, donde recibió las enseñanzas de uno de los más grandes pintores españoles del tránsito entre el XIX y el XX: Joaquín Sorolla. Tras volver a Murcia recibió una beca y residió en París, donde tuvo la oportunidad de trazar relaciones con otros artistas del momento. Más tarde aprobó una oposición de profesor de secundaria, puesto del que fue depurado tras la Guerra Civil y en el que se le restituyó más tarde.

 

Almela Costa se hizo muy pronto un nombre conocido y reconocido, expuso en muchas ocasiones su obra, ganó premios, como el Villacis de 1949, y todavía hoy se le sitúa como una de las grandes figuras de la pintura murciana del siglo XX.

 

Para acabar, el cronista oficial de la Región de Murcia, José Antonio Melgares Guerrero, nos recuerda la primera exposición de Almela Costa en Madrid, en enero de 1924, y aporta un texto del ilustrador, pintor y crítico de arte Luis Gil de Vicario, publicado en El Liberal de Murcia el 18 de enero de ese año:

 

"El joven y notable pintor murciano José María Almela Costa ha expuesto sus obras más notables en el Salón Permanente del Círculo de Bellas Artes de Madrid. La prensa madrileña dió cuenta del acto de inauguración, publicando el retrato del artista y dedicando artículos encomiables a su labor. Se inauguró el pasado día 16 con asistencia del Subsecretario de Instrucción Pública, Sr. García de Leáiz, y numeroso publico entre el que predominaba el elemento intelectual".

 

"El total de obras que el Sr. Almela ofrece al público se eleva a 57 entre retratos y paisajes de Madrid, Murcia, Guipuzcoa, Menorca, Nicuport y Brujas. El éxito alcanzado en Madrid por este paisano nuestro nos llena de satisfacción y al expresarlo así le enviamos nuestra felicitación más efusiva".

 

Y al hilo de esa misma exposición de 1924 en Madrid, reproducimos también parte del artículo publicado el 19 de enero de 1924 en el periódico El Tiempo:

 

"Anoche, a las seis, fue inaugurada la exposición de pintura de José Almela Costa, que presenta en el local permanente del Circulo de Bellas Artes (plaza de las Cortes, número 4) cincuenta y siete lienzos con paisajes, figuras y foreros. Don Javier García de Leániz, subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, autorizó el acto con su carácter oficial, y sancionó el mérito del joven artista, poniendo la tarjeta de 'adquirido' en el cuadro número 43 que en el catálogo lleva el titulo 'Pasajes de San Juan'".

 

"Almela Costa es muy joven, es natural de Murcia, de donde son algunos de los asuntos que presenta, si bien la mayoría de estos son de Vizcaya, de Guipúzcoa y de las Baleares. Como soldado que es, va donde le lleva el servicio, y por todas partes recoge notas e impresiones. La mayoria de sus paisajes, aún los más estudiados, ofrece el interés de las impresiones coloristas realizadas en momentos de fortuna con una percepción pronta, instantánea y con certera expresión de lo más característico en cada momento y asunto".

 

"Esta expresión, rápida y juvenil, prevalece en ocasiones hasta en sus estudios de figura, como en el cuadro que titula 'Mujeres de Hermani', que tiene el número 19 en el catálogo, y permite esperar mucho del talento pictórico del expositor. Padece Almela Costa, aunque atenuada, la infección del tenebrismo, afortunadamente fuera ya de moda, y es tanto el brío de su temperamento meridional, que aun usando colores nada vibrantes, colores sordos, pesados, sabe inundar de vibraciones luminosas los espacios de sus representaciones ricas de ambiente y de espiritualidad (...)".

 

"Siempre que a nosotros llegan noticias del éxito de un paisano, sentimos gran satisfacción y aún más tratándose de Almela, del que Murcia conoce poco y que en Madrid antes, en San Sebastián después y ahora nuevamente en la Corte, ha obtenido de la crítica conceptos encomiásticos como los que hemos copiado. Felicitamos al señor Almela Costa por este nuevo triunfo".

 

José María Almela Costa falleció en Murcia en 1989. Ese mismo año se organizó una gran muestra antológica en el Palacio Almudí, y en 2006 expusimos en el Museo de la Ciudad algunas obras suyas dentro de la serie Miradas sobre la huerta, junto con obras de Luis Garay, Victorio Nicolás, Clemente Cantos, Ángel Tomás, Juan Bonafé, Ramón Gaya, Pedro Flores y Joaquín.

 

Fuentes

 

-’Pintores murcianos. 50 años de pintura. Patrimonio Artístico Municipal’ (Ayuntamiento de Murcia, 1973).

-’Almela Costa. Los cuadros de mi padre’, de Antonio Almela Lacárcel (Región de Murcia, 2008).

-'Ay, Murcia', blog de Esteban Linares.

-El Liberal de Murcia, 18 de enero de 1924, página 2. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.

-El Tiempo, 19 de enero de 1924, página 1. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.

-La Verdad de Murcia, 11 de abril de 1945, página 4. Fondos digitalizados del Archivo Municipal de Murcia.


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