Pieza destacada
Colección Dolores Cerdá

Dentro de los contenidos de nuestro 'Gabinete de curiosidades' que agrupamos bajo el título 'pieza destacada', esta vez no vamos a hablar de una sola sino de una serie de obras plásticas en torno a la catedral de Murcia, en las que, más allá del valor de cada una de ellas por separado, resalta con claridad el valor del conjunto, de toda la colección. De hecho, todas estas obras llegaron como colección al Museo de la Ciudad, y de ese modo se muestran en la planta primera, en el espacio que dedicamos a la catedral.

 

La primera exposición temporal que acogió el Museo de la Ciudad tras su inauguración, en 1999, llevó por título ‘Miradas sobre la Catedral. 1964-1969’ y mostró estas mismas obras, donadas por doña Dolores Cerdá Ruiz-Funes. Después de la muestra temporal, la colección pasó a formar parte de la exposición permanente del Museo.

 

Está compuesta por un total de 46 obras firmadas por 38 artistas, todas sobre papel con el mismo tamaño, 32 x 24,5 cm, en hojas de un mismo cuaderno (conservan en uno de sus lados las perforaciones de la encuadernación) y fechadas en ese margen temporal: de 1964 a 1969. El origen de esta colección hay que buscarlo en la célebre Galería Chys de Murcia y en su dueño, Manuel Fernández-Delgado Maroto:

 

A todos los artistas que expusieron en dicha galería entre 1964 y 1969, Fernández-Delgado los invitó a dejar como recuerdo un dibujo en torno al principal monumento de la ciudad.

 

Los artistas representados son los siguientes: Antonio Castillo, Fulgencio Saura Mira, Calp, José Jara Navarro, Fulgencio Saura Pacheco, Aurelio, José Jesús Pacheco, Peñalver, Blas Cánovas, Carmen Escorial, Manuel Avellaneda, César González Ruano, Antonio Alemán, Francisco Cánovas, José María Falgas, Esteban Campuzano, Juan Alcalde, Balaguer, Manuel Ruibal, Pedro Serna, Rengo, José Reyes Guillén, Carmen Escorial, Morales, Gómez Estrada, Mariano Ballester, Baldomero Ferrer ‘Baldo’, José Antonio Molina Sánchez, José María Párraga, Gallego, Hinsberger, Karl String, Sevillano, Manuel Muñoz Barberán, Carmen Pinteño, Manuel García Montero, Antonio Hernández Carpe y Antonio Martínez Bardón.

 

Aunque el hilo conductor es la Catedral, en esta colección se suman la potencia visual y la significación del tema, las múltiples concepciones a las que da lugar, la variedad de elementos y perspectivas que se pueden destacar de dicho monumento y la mirada única, especial y diferente de cada artista: su aproximación al monumento así como el lenguaje y la técnica elegida para expresarse.

 

En cuanto a las técnicas, abarcan la acuarela, el guache, el óleo, la tinta, el lápiz, el rotulador, el bolígrafo, el monotipo, el linóleo y la técnica mixta. La ejecución va de la minuciosidad del detalle al apunte de conjunto; de la plasmación lenta y concienzuda de líneas finas, a los trazos rápidos y más generales; de la sencillez del blanco y negro a la explosión de colores vivos y alegres; de la ligereza y la levedad de materia sobre el papel, a la carga densa de pigmentos.

 

Cada pintora y cada pintor es fiel aquí a su estilo, a las maneras que se les reconocen en otras obras. Sin embargo, alguno de ellos añade el sentido del instante, del momento en el que llevó a cabo su obra y el intento de plasmar algo diferente a las representaciones más usuales de la Catedral, o incluso de llevar a cabo una representación usual pero de un modo diferente.

 

En la colección se despliegan el naturalismo, el realismo, el cubismo, lo conceptual y lo simbólico. Cabe añadir un detalle respecto a la mirada que cada artista quiso transmitir: la procedencia del propio artista, lo cual aporta un nuevo valor; hablamos de la aproximación a la Catedral de personas que, en algunos casos, no crecieron con ella en la retina, no la han visto desde la infancia y, por tanto, ofrecen una mirada nueva, distanciada pero a la vez cariñosa.

 

Ejemplo de artista no murciana es Carmen Escorial, pintora vasca que ganó el Premio Villacis en 1965. Casada con el escultor murciano Francisco Toledo Sánchez, Escorial residió durante unos años en Murcia, donde llevó a cabo varias exposiciones.

 

Aunque se posicionó en el surrealismo expresionista, en sus dos apuntes sobre la Catedral presentes en esta colección adoptó un estilo diferente para dibujar dos detalles: en concreto, la escultura de San Basileo en el Imafronte, con acuarela y rotulador sobre papel, y una vista de la torre de la Catedral desde el exterior de la capilla de Junterón con la misma técnica.

Esta colección cuenta además con firmas murcianas de especial interés, de entre las cuales aquí nos centraremos en algunas, como muestra de su singularidad y con el fin de reseñar su presencia en el museo.

 

Es el caso de José María Párraga, prolífico pintor murciano que aportó una visión peculiar del exterior de la capilla de los Vélez, con los salvajes tenantes que sostienen el escudo de los Chacón-Fajardo y con la popular cadena, junto con un árbol de la calle que Párraga no obvió, aunque podría haberlo hecho, y que se incorpora al dibujo. Se trata de una representación esquemática hecha con rotulador, simplificando los elementos del edificio y resaltando las sombras y los perfiles rotundos de la capilla bajo la luz intensa de sol, que se presenta aquí en el color mismo del papel.

José María Párraga nació en Cartagena en 1937 y murió en Murcia en 1997. Con dieciséis años comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Murcia, donde tuvo como profesores a Luis Garay, Clemente Cantos y Mariano Ballester. Con gran destreza para el dibujo, su inquietud le llevó a experimentar otras técnicas y formas de expresión, llegando a dominar el pirograbado y a probarse con la pintura mural o el collage.

 

En 1964 fundó el grupo Aunar junto con los pintores Manuel Avellaneda y Aurelio y los escultores Elisa Séiquer, Francisco Toledo, José Toledo y José Hernández Cano, quienes se distinguieron por su interés de renovación artística y cultural en Murcia y por su apertura a los nuevos estilos y lenguajes que se imponían fuera de España.

 

Aurelio y Avellaneda, dos de los compañeros de Párraga en Aunar, también están representados en esta serie de apuntes sobre la Catedral. Aurelio eligió la imagen más popular y repetida, la clásica vista desde la Plaza del Cardenal Belluga con la fachada principal y el perfil sobresaliente de la torre, pero optó por descomponerla con el lenguaje cubista: la simplificó, la fragmentó y colocó sus piezas sobre el papel en lo que se nos muestra como una visión nocturna.

 

Por medio del rotulador y con diferentes tonalidades del marrón, la Catedral de Murcia es reconocible en sus elementos más destacados, entre figuras geométricas planas que no trazan ninguna de sus líneas en los ejes vertical y horizontal, sino que abren la composición en las demás direcciones.

 

Aurelio Pérez Martínez nació en Alhama de Murcia en 1930 y murió en 2000. En los años 40 del siglo pasado, entró en contacto con artistas como Garay, Almela, Carpe o Mariano Ballester, al tiempo que aprendía diferentes estilos y realizaba tentativas para encontrar su propio lenguaje. Becado por la Diputación Provincial y formado en la Real Academia de San Fernando, alternó su labor docente con la creación artística.

 

Por su parte, Avellaneda eligió una vista del exterior de la capilla de los Vélez desde la calle Apóstoles, a la altura de la portada del mismo nombre, haciendo gala de su dominio del dibujo a tinta en blanco y negro, y marcando los contornos y resaltando las sombras de los elementos arquitectónicos.

 

Para quien conoce la zona, es llamativa la presencia de una fila de árboles en línea con la Catedral que ya no existe, pues el arbolado, hoy naranjos, se ha llevado a la línea contraria de edificios con el fin de no entorpecer la visión del monumento.

 

 

Manuel Avellaneda Gómez nació en Cieza en 1930 y murió en Murcia en 2003. Tras una primera formación artística en Murcia, estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, donde entró en contacto con la llamada ‘Escuela de Vallecas’, cuya influencia se dejó sentir en la obra de Avellaneda, marcada por la representación de paisajes baldíos y campos de secano.

 

Mariano Ballester es el autor de otro de los apuntes en torno a la Catedral que también escoge la estampa clásica del Imafronte y la torre, pero presentándola de un modo dinámico y expresivo: usando mucha carga de pigmento y concediendo protagonismo al cielo nocturno, con la atmósfera expresiva de las noches que pintaba Van Gogh. Aunque el color predominante es el azul oscuro, que ocupa toda la obra y del cual surge la masa encendida de la Catedral, también deja espacio para otros colores en el cielo.

 

Mariano Ballester, nacido en Alcantarilla en 1916, fue represaliado tras la Guerra Civil y estuvo en prisión. Después trabajó en el llamado ‘Museo de Murcia’, donde se dedicó a la recuperación de las obras de arte dispersas durante el conflicto. Becado por la Diputación Provincial, cursó sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y más tarde fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Murcia.

 

En 1969, Mariano Ballester fundó el grupo 'Puente Nuevo' con Ceferino Moreno y César Arias. Entre otros galardones, recibió el Premio Nacional de Grabado en 1955, y dos veces el Premio Villacis, en 1955 y 1963. Tras una estancia en París su estilo se aproximó a la pintura de los franceses Chagall y Soutine, así como a los expresionistas, y más tarde experimentó con el collage y el ‘dripping’. Fue director del Museo de la Huerta de Alcantarilla desde 1977 hasta su muerte en 1981.

Fijamos la atención en una obra más dentro de esta colección, la que firma una artista de Almería, Carmen Pinteño. En su representación, Pinteño recurre a la clásica estampa del Imafronte y la torre, a la que pinta mediante técnica mixta, con tonalidades de color terroso para el monumento y de un expresivo azul arañado para el cielo de Murcia.

 

Como en otros ejemplos de la colección, apreciamos los cambios que ha experimentado el entorno de la Catedral desde los años 60, en que fue representada, hasta la actualidad. Así, Pinteño incluyó la vegetación del parterre que ocupaba el centro de la Plaza del Cardenal Belluga. Carmen Pinteño, nacida en Huércal-Overa en 1937, es considerada una de las pintoras almerienses más importantes del siglo XX y ha expuesto varias veces en la Región de Murcia.

 

De esta colección, que es amplia por el número de obras, variada por el motivo y la técnica elegida, y valiosa por contener entre sus firmas algunas de las más destacadas de la pintura murciana del siglo XX, cabría destacar la aportación de Manuel Muñoz Barberán (Lorca, 1921-2007), con un dibujo que se centra en el silencioso e intimista interior de la Catedral, representando el espacio del Trascoro y varias capillas:

 

 

Señalamos también las obras de José Antonio Molina Sánchez (Murcia, 1918-2009) con un detalle de las esculturas del Imafronte; de Antonio Hernández Carpe (Murcia, 1923-1977), pintor y muralista, que eligió el collage usando una foto de la torre de la Catedral y dibujando su entorno urbano con rotulador; y las de Pedro Serna, Saura Mira, José María Falgas, Medina Bardón o Rengo, entre otros.

 

 

Como curiosidad, debemos decir que sólo una de las obras de esta colección no se corresponde en origen con las demás: hablamos de la que firmó Karl String, artista callejero que solía ubicarse cerca de Chys y al que Fernández-Delgado invitó a participar con un dibujo, dando lugar a esta curiosa representación con autorretrato incluido:

 

Esta serie de obras, como otras pertenecientes a la colección permanente del museo, está inventariada y la mostramos en el apartado de inventarios de la sección MUDATALab de nuestra web: puedes acceder a sus datos en formato PDF descargable pinchando en este enlace.

 


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